La Movilidad

La movilidad, como concepto relacionado con los núcleos urbanos apareció en los últimos años del siglo veinte y todo indica que será importante en el siglo XXI, debido a los índices crecientes de motorización, al incremento del transporte de mercancías y a la saturación del espacio aéreo.

Las múltiples actividades, los contactos entre personas, el acceso a la cultura, al recreo, el consumo, la distribución de productos de todo tipo, la recolección de desechos, entre otros, requieren del traslado de personas o cosas, de un lugar a otro; es decir, de movilidad.

Vista así la movilidad parece limitada al ámbito de una población o ciudad, pero la realidad es más compleja puesto que está vinculada a otros parámetros, como a personas y/o mercancías que deseen desplazarse, teniendo en cuenta todo lo que ello implique.

Por tanto, la movilidad en su aspecto más general significa la facilidad con la que las personas realizan desplazamientos, de ellas mismas y/o de materiales, para satisfacer sus necesidades.

El avance tecnológico de las últimas décadas ha traído efectos positivos y negativos. En el transporte ha hecho posible que el hombre se desplace con más rapidez y frecuencia, a mayores distancias, reduciendo barreras económicas, sociales, étnicas y geográficas; pero también ha llevado a un crecimiento de los desplazamientos en masa y a un cambio en el comportamiento y modo de vida de las personas, es decir, ha potenciado la movilidad.

La ciudad es el origen de todas las virtudes y defectos de la circulación de personas y vehículos; adolece de indisciplina en el tráfico, de falta de estacionamiento vehicular y de insuficiente transporte público como opción al uso del transporte privado.

Esta eclosión de la movilidad ha convertido al transporte en fuente principal de contaminación atmosférica y de siniestralidad, con alto costo económico y social. Al origen de este problema está la política que estimula la movilidad priorizando la infraestructura al servicio del transporte privado y la dependencia de los combustibles fósiles.

Luego de estudios exhaustivos se ha concluido que gran parte de la solución se encuentra en el concepto de MOVILIDAD SUSTENTABLE, que incluye opciones desarrolladas bajo puntos de vista que van desde el cambio necesario de mentalidad de cada uno de los usuarios de los modos de transporte, hasta tomar medidas sobre el parque automotor que usa la infraestructura.

Por estos motivos, la movilidad debe convertirse en tema de debate en los ámbitos oficial y privado del país, y nuestra ciudad debe incluirse en el. La creciente densificación del tráfico en horas punta, sumada a las carencias de estacionamiento y de un sistema integrado de transporte público, requieren de soluciones creativas inmediatas. Es imprescindible aplicar criterios básicos de movilidad urbana para propiciar cambios de actitud en la movilidad diaria de las personas.

10 principios para la movilidad sustentable

El visionario urbanista Jan Gehl y Walter Hook, Director Ejecutivo del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP por sus siglas en inglés), establecieron diez principios clave para el desarrollo de ciudades más sustentables y equitativas.

Las ciudades más disfrutables tienen entornos peatonales maravillosos. Caminar es la forma más universal de trasladarse y cuando el diseño de las calles prioriza las necesidades de los transeúntes, la salud, la actividad económica y la seguridad mejoran. Las calles transitables a pie son las piedras angulares de una ciudad sustentable.

Las bicicletas y otros medios de transporte impulsados por personas, como bici-taxis, permiten el transporte “puerta a puerta”, utilizando menos espacio y recursos. Son una alternativa más saludable y sustentable para trayectos cortos, en comparación con los automóviles y taxis. Para fomentar su uso, hay que lograr que los conductores se sientan seguros; en general, entre cuanto más bicicletas haya en las calles, más seguridad tendrán. Esto también requiere de la paulatina disminución del tránsito automovilístico y de la creación de una infraestructura especializada, como las ciclovías.

Algunos trayectos en nuestras ciudades son demasiado largos para ser recorridos a pie o en bicicleta. El transporte público puede mover a millones de personas de forma segura, rápida y cómoda con una fracción del combustible y del espacio de estacionamiento que utilizan los automóviles privados. Los autobuses de transporte masivo tales como el sistema de Autobuses de Tránsito Rápido (BRT por sus siglas en inglés) han demostrado ser una solución costeable, efectiva y rápida de implementar. Al igual que los sistemas de Metro, los autobuses BRT combinan carriles exclusivos, estaciones de alta calidad y pago antes de abordar las unidades, resultando en una operación eficiente.

Incluso en 2030, algunos trayectos continuarán haciéndose en automóvil. Pero la circulación de más autos incrementará el tráfico, la contaminación y el tiempo invertido en los trayectos, si no se administra de una mejor manera. Esto incluye lo que algunas ciudades ya están haciendo: incrementar los costos del estacionamiento y de acceso a ciertas zonas para fomentar que las personas dejen el auto en casa, crear zonas ecológicas donde sólo pueden entrar vehículos no contaminantes y eliminar vías rápidas para favorecer la reactivación de la vida comunitaria.

La ciudad requiere del transporte de mercancías para funcionar. Alimentos, combustible y ropa ingresan en camiones y, del mismo modo, suelen salir los desechos. Estos vehículos son un tema crítico, pues contaminan el aire, incrementan los riesgos para los peatones y ciclistas, son ruidosos y dañan las calles. Las ciudades sustentables necesitarán asegurar servicios eficientes y, al tiempo, minimizar su impacto en las comunidades. Esto requiere de la aplicación de sistemas de logística inteligentes y la promoción de incentivos para el uso de vehículos menos contaminantes, más pequeños, lentos, silenciosos y seguros.

El tránsito sustentable sólo será viable si conecta a las personas con lugares que las inviten a quedarse. Hacer “atractiva” a una calle implica que ésta albergue una diversidad de lugares y actividades: espacios públicos animados y comerciales en la planta baja, con espacios residenciales y de oficina en las plantas altas. Las tiendas y establecimientos se nutren de las personas que ahí trabajan en el día y también de las que ahí duermen por la noche, ayudando a crear zonas llenas de vida.

Para 2030, se estima que las ciudades alojarán a 2 mil millones de personas más. Para organizar este crecimiento, el primer paso es “reciclar el espacio”, construir en lotes baldíos o en zonas en desuso antes de construir en las áreas verdes de los alrededores de la ciudad. Esto junto con una oferta de transporte y espacios públicos de calidad, da lugar a una gran diversidad de actividades en las calles, haciéndolas más seguras e interesantes. Las calles urbanas requieren densidad y diversidad, lo cual contribuye a crear un área de usos múltiples más animada. Las comunidades con mayor densidad utilizan recursos de manera más eficiente, reduciendo las huellas del carbono de sus residentes.

Celebrar las culturas locales fomenta la diversidad de las ciudades, lo que atrae a las personas y las inspira a permanecer en ellas. La historia de una comunidad, su entorno natural y sus tradiciones contribuyen significativamente a hacer de los lugares especiales y únicos. Encontrar estos elementos y preservarlos es crítico para distinguirlos unos de otros. Mantener esta identidad contribuye a crear la clase de comunidades en la que la gente disfrute de caminar, andar en bicicleta y utilizar transporte público.

Las ciudades en las que es placentero caminar y andar en bicicleta suelen tener numerosas calles cortas y estrechas, con mucha interconectividad entre sí. Esto hace que el tránsito sea más lento, al mismo tiempo que la caminata es más directa, variada, interesante y atractiva. Las calles con esas características están hechas a una escala adecuada para activar la percepción y los sentidos de la gente que va a pie. Edificios, tiendas, árboles y otros elementos están más cerca de los peatones y ciclistas a lo largo de su trayecto, incrementando la vitalidad y accesibilidad a estas calles.

Invertir en el entorno urbano y su mantenimiento es tan importante como invertir en transporte sustentable. Con una planeación y mantenimiento correctos, todo –edificios, calles, adoquinados, mobiliario urbano, arte público– puede durar no sólo décadas, sino siglos. Diseños y materiales de alta calidad, así como un adecuado manejo del espacio público son clave para la creación de calles memorables y de espacios públicos que resulten más duraderos que los ciclos electorales.

Movilidad Urbana Sostenible y Segura

La movilidad como una necesidad transversal a cada una de las diversas actividades realizadas en el ámbito urbano es la herramienta de gestión principal para un desarrollo eficiente estimulando el crecimiento económico y oportunidades para reducir la pobreza así como equitativa con acceso, accesibilidad e inclusión para todos.

Revisa la presentación de nuestro Presidente del Comité de Movilidad y Urbanismo acerca de Movilidad Urbana Sostenible y Segura presentada en el VII Foro por Un Transito más Ciudadano (2016).

Contribuye a la movilidad urbana sostenible

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